Sábado, Mayo 19, 2012
   
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Desde mi gratitud

Hay una tierra prospera y hermosa, llena de gente bella y grandes desafíos, un lugar bendecido por Dios y añorado por muchos, es un territorio grande con paisajes exuberantes y diversos como diversas sus culturas pero que a la luz de la fe es una sola familia nacida en 1917 y abonada con el amor, el sudor y la entrega de cinco magníficos y recordados pastores que de la mano de sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos han construido poco a poco este hogar, esa es mi tierra diocesana, la que ha sabido a través de su propia historia tejer un proyecto de vida comunitaria que ha permitido que germinen experiencias como el Plan de Renovación y evangelización Pastoral, gracias al cual los laicos hemos tenido un espacio significativo dentro de la vida pastoral de esta Iglesia Particular.

Hoy le escribo a la Diócesis para darle gracias por estos siete años que compartí desde la Pastoral Social las alegrías y las esperanzas de su gente, desde aquellos que solidariamente dan de su riqueza y de su tiempo para dignificar a otros y sobretodo de manera especial de aquellos que lo han perdido todo a causa de la guerra o de los desastres naturales y desde allí luchan por hacerse ideales de paz y demuestran con su vida dónde radica el sentido cristiano del dolor y la esperanza.
Gracias por las experiencias que se me permitió vivir al lado de las comunidades parroquiales especialmente aquellas lejanas y olvidadas por algunas instituciones, allá en lo profundo de las cordilleras o en las orillas de los ríos o de las carreteras sé que hay corazones que laten por su fe y se aferran a Dios como su más grande esperanza, todo esto hizo que la pastoral social se convirtiera poco a poco en una opción de vida, como ha de ser el mandato evangélico del mismo Jesucristo: “denles ustedes de comer”. 

Gracias a los que vieron en mi una promesa y promovieron parte de lo que hoy soy y de lo que hoy pienso sobre la vida misma, a monseñor Jairo Jaramillo mi admiración y gratitud profunda por su voto de confianza al encomendarme una de las tareas pastorales más complejas y gratificantes como la Pastoral Social, a los Directores de Pastoral Social, Padre Hernán Gómez y Padre Luis Alfonso Urrego maestros de fe, de solidaridad, de organización en el servicio a los más pobres y excluidos; a mis compañeros y compañeras del EDAP por hacerme sentir parte de una familia capaz de tener la Diócesis no solo en la cabeza sino en el corazón.
Gracias a los sacerdotes, seminaristas y empleados de la curia episcopal por su amistad, cercanía y por la fraternidad que siempre sentí en cada uno de los espacios y experiencias vividas a lo largo y ancho de este vasto territorio.
Una palabra de aliento y de animo a la Delegación de Pastoral Social y  a los COPPAS (y en ellos a todos los integrantes de los programas de esta pastoral), son ustedes de la Diócesis el corazón para sentir misericordia, los ojos que ven las angustias y los anhelos de la gente, las manos que se abren solidariamente para dar a los demás desde el amor  aquello que puede dignificarlos y los pies para ir al encuentro de Jesús maestro y sentir desde esta experiencia de amor y de fe el envío a transformar mentes y corazones y así hacer de este un mundo más humano, justo y solidario.
Hoy el Señor me ha puesto por su voluntad a servirle desde otro espacio y  por eso en parte mis palabras tienen un tinte de despedida, pues mi rol ya no será el mismo laboralmente hablando aunque mi compromiso como bautizada perteneciente a esta Diócesis seguirá siendo un sello en mi, desde mi gratitud sigo disponible.
Es hora de ir poniendo punto a este escrito, más mi gratitud es infinita.

Gloria Cecilia Rojas Ruiz

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