Nuestra vocación al servicio de la mesa del reino de Dios
Escrito por Johan Alexander Muñoz Mesa
“En virtud del bautismo, todos somos llamados a ser discípulos misioneros de Jesucristo”. El padre nos llama a “ser de Cristo” y este llamado nos lleva a tener una identidad mas profunda como cristianos. Por ende, el “Centro Misional San Luis Beltrán” quiere continuar con la misión de Jesús, que es la expresión del reinado de Dios en el mundo.
Hemos sido llamados por Dios para ser sal y luz del mundo: lo nuestro es se fermento de una nueva humanidad con sabor a Reino. Y desde esta vocación fundante, Dios nos hace otros llamados específicos para construir su Reino. Su acción salvadora se va manifestando por medio de nuestros carismas personales, e incluso institucionales. San Pablo, en su primera carta a la comunidad cristiana de Corintio, a firma con toda claridad: “Hay diversidades de carismas, pero el Espíritu es el mismo; hay diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo. A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para bien de todos” (1Cor. 12, 4-7). Todos con nuestra vocación, animados por el Espíritu Santo, estamos llamados a poner nuestros carismas al servicio del proyecto del Reino, hacer de la historia de nuestros pueblos historia de salvación.
Cada persona, desde su vocación especifica, está llamada a testimoniar a Jesús, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre, como buena noticia de vida para todos (Jn. 10, 10). Por lo tanto todas las vocaciones nos reclaman colocarnos como “servidores de Jesús,” a los pies de nuestros hermanos, para que desde los distintos carismas prolonguemos, en la cotidianidad de nuestra vida, los gestos de Jesús que hacen posible el proyecto de construir fraternalmente el Reino de Dios.
