Miércoles, Febrero 22, 2012
   
Aumentar Texto

Conociendo la segunda etapa

1. Sentido de esta etapa

El camino de fe iniciado en la etapa anterior, camino preparatorio, que crea condiciones y pide un primer paso de conversión/renovación, toma ahora forma más explícita y directa al centrarse en la Palabra de Dios. Si la etapa anterior era de sensibilización, ésta tiene como objetivo el redescubrimiento y la profesión de fe en Cristo, por parte del pueblo cristiano; el redescubrimiento y aceptación de la Palabra de Dios como sentido de la vida

Etapa de evangelización – inculturación

Comienza así una etapa de evangelización explícita en la que los bautizados son portadores de una fe que van redescubriendo en experiencias – gestos y palabras – que directamente se relacionan con el mensaje evangélico y que van profundizando hasta descubrirlo como sentido de vida personal y comunitario como pueblo de Dios.

Es una etapa de maduración en la fe, en la que comienza un proceso cíclico de concientización (experiencia y reflexión) centrada en el misterio de Cristo. Se desarrolla este proceso en torno a tres núcleos progresivos: la Palabra de Dios, la fe, la Persona de Cristo. Se orienta este proceso a la profesión de fe en Cristo, Palabra de Dios, que su pueblo acoge como sentido de vida.

Etapa de educación en la fe

El proceso evangelizador parte de la fe en el Dios de la encarnación y que, por lo mismo, está presente por su Espíritu en el mundo, en la interioridad de la conciencia, que mueve a las personas a hacer el bien y evitar el mal y que habita en la Iglesia, en los bautizados como personas y como conjunto, cono en su templo. Además se trata de la evangelización de los ya bautizados que ante un cambio de época necesitan una como re-evangelización de acuerdo con la nueva cultura planetaria que se está formando. Por lo mismo, se parte de la fe en el Espíritu presente en su pueblo.

Se desencadena, por tanto, un dinamismo de propuesta y acogida, de invitación y aceptación, de palabra y respuesta, de don-de-sí y fe-en-el-otro, por parte de todos (personas, familias, grupos, generaciones, agentes de pastoral, presbíteros…) que produce una interacción y relación interpersonal que anima y produce un dinamismo constante de crecimiento. Es un proceso de intercomunicación del único Espíritu, al que cada uno y el conjunto le dan espacio para que ocupe todo el “lugar”. Hasta que las personas y la Iglesia local vivan sólo del Espíritu.

Etapa de participación y corresponsabilidad, en la comunión

Es un proceso educativo, también, a la participación, al diálogo y a la corresponsabilidad, en forma progresiva, que se da en el ejercicio concreto de esos valores. Es un proceso por el que los responsables de la comunidad van superando la imagen de vértice de una pirámide a favor de otra imagen de servidores, al modo de Juan, el Bautista, que consideraba que él debía disminuir para que los otros puedan crecer.

Este proceso es auténtico en la medida en que se da en un clima de comunión. De comunión querida y buscada, mantenida y recuperada, en el ejercicio de la caridad teologal que siempre:

  • Convoca a todos,
  • Espera el momento oportuno, la hora del hombre y de Dios,
  • Está dispuesta a hacer presente allí donde hay necesidad, sobre todo ante quienes han tenido o tienen dificultad para aceptar el mensaje.

Etapa de liberación – humanización

Es un proceso educativo que al mismo tiempo es liberador; es decir, que pasa de su condición de “no-pueblo” a la de pueblo de Dios. De su condición de dispersión pasa a ser poco a poco protagonista de su propia historia, responsable de su propio destino, unificado en su conciencia común de la fe, esperanza y caridad.

Al mismo tiempo la Iglesia, en su organización y en sus estructuras, se va “humanizando”, deja de lado sus formas de superioridad para estar al servicio del Reino de Dios, de la comunión de todos los hombres con Dios y entre sí. En una nueva relación del hombre con Dios, de unos con otros, de los hombres con la naturaleza y con la historia; vividas en la fe. La Iglesia se hace y aparece como “la experta en humanidad”.

 

2. Dinamismo evolutivo de esta segunda etapa

El dinamismo de esta etapa se apoya sobre tres pilares, tres fases del proceso evangelizador: el redescubrimiento de la Biblia como Palabra de Dios, el redescubrimiento de la fe como actitud de vida y el redescubrimiento de Cristo y su Misterio.

La primera fase, aproximadamente de tres años, se centra en la Biblia como Palabra de Dios, dada por Él al hombre para que éste responda y entre en comunión con Él. El primer año se dedica a redescubrir el sentido de la Biblia y a comprender los aspectos más elementales de qué es, para qué sirve, quién la escribió, cómo se lee, etc. El segundo año se dedica a considerar y usar la Biblia como un libro para la vida cotidiana. El tercero se dedica a enseñar a orar con la Biblia.

Los posibles enunciados esenciales del mensaje para cada año son:

  • La Biblia, don de Dios a todo hombre y mujer: (coincide con la entronización de la Biblia en todas las familias); estructura de la Biblia, cómo se usa; claves de lectura, sentido y significado: Dios nos ha hecho sus interlocutores; llamados a afrontar la vida desde Dios; dirigirse a Dios con la misma palabra de Dios; conformar a ella nuestras actitudes; hacernos discípulos de la Palabra…
  • La Biblia, don de Dios para la vida cotidiana: para los momentos de dolor, de alegría, de trabajo, de soledad, de desánimo, de dificultades económicas, de problemas de relación…
  • Orar con la palabra de Dios: con humildad, confianza, aceptación, consintiendo a la Palabra, Cristo ora en nosotros, el Espíritu dice Padre, con la Iglesia.


La segunda fase se centra en redescubrir la fe y sus exigencias como hechos de vida. El primer año se dedica a redescubrir la fe como estilo de vida, el de Cristo; no en el sentido de tratar en directo la persona de Cristo, sino porque se desarrollan o explicitan las actitudes que exige la fe cristiana hecha vida. El segundo año se dedica a descubrir la misma fe como estilo de relación con los demás y en el tercer año se ayuda al pueblo cristiano a reconocer la necesidad de proclamar la fe en público que muchas veces se proclama en el "privado".

La tercera fase se centra en la persona de Cristo y en su misterio. El primer año se dedica al redescubrimiento de las actitudes que Cristo vivió, su relación con Dios y con los hombres y mujeres de su tiempo, y para ayudar a los cristianos a asumir las actitudes de Cristo y en orden a proclamar su fe. El segundo año se dedica a percibir la novedad y los alcances del mensaje central del "Sermón de la montaña" (Mt cap. 5-7). El tercero se ocupa del misterio de Cristo en orden a promover la profesión de fe en El.

 

3.El acontecimiento conclusivo de esta etapa y su preparación

Es el Sínodo Diocesano en el que el pueblo de Dios con su Obispo trata de confrontar algunos aspectos particularmente importantes de la vida de la Iglesia local con Cristo y su mensaje y se pregunta qué es lo que Cristo le pide. Se trata de la opción por Cristo por parte del pueblo de Dios de la Diócesis.

Generalmente, la gente en los grupos de familia da todos los elementos para componer cinco documentos que, normalmente, han sido: qué pide Jesús a la comunidad creyente frente a los pobres y débiles; qué pide frente a los jóvenes y a estos frente a la comunidad; qué pide a la familia que se dice cristiana; qué pide a la comunidad en la relación fe y política (o frente a problemas propios del ambiente: el turismo, la migración...); qué pide frente a los mismos grupos de familias. Además se pide a las familias que respondan a algunas preguntas para componer la profesión de fe del pueblo de Dios.

Seis Comisiones parroquiales componen los textos-base  de los cinco documentos y de la Profesión de fe. Los textos se recomponen a nivel de Vicarías foráneas y luego el EDAP compone los seis textos-base diocesanos que, después, se envían a todas las parroquias.

El Sínodo se desarrolla normalmente en tres semanas. En la primera, después de la inauguración del Sínodo en la misa dominical, de lunes a viernes se realizan los cinco encuentros en grupos familiares,  en los que se ofrecen las modificaciones al texto base que se crean oportunas. El sábado en una asamblea parroquial se aprueban las modificaciones. En la segunda semana, el EDAP hace la síntesis de las modificaciones en un único texto y el sábado se reúne la Asamblea Sinodal que, con la presidencia del Obispo, aprueba las modificaciones propuestas. El texto final se edita con la aprobación del Obispo. El sábado de la tercera semana se hace, a nivel diocesano, la Celebración Eucarística de clausura del Sínodo con la participación de representantes de todas las parroquias y en la que el Obispo y los miembros de la Asamblea diocesana firman el texto oficial del Sínodo y la comunidad presente proclama su "profesión de fe". Durante esta celebración, en las parroquias se hace una vigilia de oración y al día siguiente se clausura el Sínodo a nivel parroquial con una Celebración eucarística en la que se proclama la profesión de fe en Cristo y se celebra el compromiso por continuar el camino de fe.

La preparación del Sínodo Diocesano comienza al menos tres años antes. Con la evaluación de la segunda fase de esta etapa, se decide si pasar a la tercera como está previsto y, por tanto, si se realiza el Sínodo en el tiempo correspondiente. Al planificar la tercera fase se planifica la preparación y realización del Sínodo Diocesano cuidando el cálculo de los tiempos que se van a necesitar. La preparación consiste en un proceso similar al de la Semana de la Fraternidad, al que se añaden cinco encuentros mensuales pre-sinodales en los que la gente ofrece los elementos con los que elaborar los cinco textos base de los documentos sinodales. Contemporáneamente se envía un cuestionario a las familias para elaborar la profesión de fe en Cristo con las respuestas al cuestionario.

En realidad el Sínodo es una profunda experiencia de pueblo de Dios que opta por Cristo y su Evangelio. Después del Sínodo se continúan los temas previstos para el tercer año de la tercera fase y con los temas restantes de los grupos de familias. En el momento que es posible, se entrega, con alguna forma celebrativa, el texto del Sínodo a todas las familias.

   

4. La conversión que se pretende y a la que se sirve en esta etapa

Como proceso evangelizador, el de esta etapa es un proceso de conversión-renovación que afecta a toda la realidad de la Iglesia local. Inicia la conversión que corresponde a la espiritualidad comunitaria. Superada la novedad inicial y purificados los grupos de familias, después de una euforia inicial, se entra en una etapa en la que de hecho la gente se encuentra cada vez más frente a Cristo y a la necesidad de definirse ante El. La comunión se hace en El.

Este proceso de conversión afecta al conjunto de los cristianos que son llamados poco a poco, como pueblo de Dios, a pasar:

  • de una religiosidad o piedad popular, en la que coexisten elementos de fe junto a otros de superstición, míticos, de mera costumbre social, etc., a la opción de fe en Cristo, hecha por el pueblo en cuanto pueblo, y a la expresión de su comunión en esa única fe;
  • de una fe que se entiende y vive sobre todo como "culto", cumplimiento de un "deber" o expresión de "sentimiento" religioso al que se da satisfacción, a menudo sin unidad entre "culto" y vida, a otra situación, en la que toda la existencia se vive, o al menos se intenta vivir, en la fe y desde ella;
  • de una fe que se entiende y se vive como algo individual, como un dato privado, aunque sea común a muchos, a otra vivencia de la fe, comunitaria y compartida como experiencia de vida eclesial y compromiso social y de pueblo;
  • de una fe poco más que sociológica, a una experiencia capaz de dar testimonio de la fe, que se confiesa en público y que poco a poco empieza a determinar los criterios y parámetros de la vida social.

En definitiva, con esta etapa comienza a tomar forma una Iglesia comunional que se inicia con el nacimiento de los grupos de familias y crece con la confrontación entre fe y vida realizada como dinamismo relacional de la Iglesia local y tiene su horizonte en Cristo, a quien debe conformarse para ser alabanza del Padre.

 

5. La crisis en esta etapa

Con la invitación a manifestar públicamente la propia fe y a imitar las actitudes de Cristo en las relaciones mutuas, comienza un proceso en el que se pone a los católicos ante la necesidad de definirse por Cristo, cosa que implica un modo de relación no sólo interno en la Iglesia sino también en relación con la sociedad. Aquí comienza la crisis: tener que definirse, tomar posición ante situaciones que antes se aceptaban en la confusión y sin hacerse un problema moral. Tener que dar la cara y hacer un esfuerzo coherente con los valores que se quieren vivir, pone las personas en situación de "reflexión", de silencio, de pasividad, previa a la definición personal y colectiva. Esta es la crisis típica de esta etapa. Crisis que una gran parte de la gente supera precisamente en el Sínodo cuando vive la experiencia de que son muchos los que en realidad quieren vivir los mismos valores y luchan por lo mismo.

En este conflicto, lo importante es que el párroco y los dirigentes de la comunidad parroquial mantengan siempre relaciones de caridad con todos y al mismo tiempo no pierdan la firmeza para contestar evangélicamente a quienes son lobos con piel de oveja. Caridad y firmeza con las personas y sus familias y, al mismo tiempo, firmeza evangélica ante las instituciones y las funciones y modos en que esas personas e instituciones actúan. Así las relaciones, aún con los más recalcitrantes, quedan abiertas para invitar una y otra vez a la conversión a la que todos estamos llamados.

   

Página 1 de 2

Contáctenos

Curia Diocesana
Clle Real Nro. 28-72.
Santa Rosa de Osos, Ant. Col.
Tel. +574 - 860 80 50.
E-Mail: info@dsro.org
www.dsro.org