2. Dinamismo evolutivo de esta segunda etapa
El dinamismo de esta etapa se apoya sobre tres pilares, tres fases del proceso evangelizador: el redescubrimiento de la Biblia como Palabra de Dios, el redescubrimiento de la fe como actitud de vida y el redescubrimiento de Cristo y su Misterio.
La primera fase, aproximadamente de tres años, se centra en la Biblia como Palabra de Dios, dada por Él al hombre para que éste responda y entre en comunión con Él. El primer año se dedica a redescubrir el sentido de la Biblia y a comprender los aspectos más elementales de qué es, para qué sirve, quién la escribió, cómo se lee, etc. El segundo año se dedica a considerar y usar la Biblia como un libro para la vida cotidiana. El tercero se dedica a enseñar a orar con la Biblia.
Los posibles enunciados esenciales del mensaje para cada año son:
- La Biblia, don de Dios a todo hombre y mujer: (coincide con la entronización de la Biblia en todas las familias); estructura de la Biblia, cómo se usa; claves de lectura, sentido y significado: Dios nos ha hecho sus interlocutores; llamados a afrontar la vida desde Dios; dirigirse a Dios con la misma palabra de Dios; conformar a ella nuestras actitudes; hacernos discípulos de la Palabra…
- La Biblia, don de Dios para la vida cotidiana: para los momentos de dolor, de alegría, de trabajo, de soledad, de desánimo, de dificultades económicas, de problemas de relación…
- Orar con la palabra de Dios: con humildad, confianza, aceptación, consintiendo a la Palabra, Cristo ora en nosotros, el Espíritu dice Padre, con la Iglesia.
La segunda fase se centra en redescubrir la fe y sus exigencias como hechos de vida. El primer año se dedica a redescubrir la fe como estilo de vida, el de Cristo; no en el sentido de tratar en directo la persona de Cristo, sino porque se desarrollan o explicitan las actitudes que exige la fe cristiana hecha vida. El segundo año se dedica a descubrir la misma fe como estilo de relación con los demás y en el tercer año se ayuda al pueblo cristiano a reconocer la necesidad de proclamar la fe en público que muchas veces se proclama en el "privado".
La tercera fase se centra en la persona de Cristo y en su misterio. El primer año se dedica al redescubrimiento de las actitudes que Cristo vivió, su relación con Dios y con los hombres y mujeres de su tiempo, y para ayudar a los cristianos a asumir las actitudes de Cristo y en orden a proclamar su fe. El segundo año se dedica a percibir la novedad y los alcances del mensaje central del "Sermón de la montaña" (Mt cap. 5-7). El tercero se ocupa del misterio de Cristo en orden a promover la profesión de fe en El.
4. La conversión que se pretende y a la que se sirve en esta etapa
Como proceso evangelizador, el de esta etapa es un proceso de conversión-renovación que afecta a toda la realidad de la Iglesia local. Inicia la conversión que corresponde a la espiritualidad comunitaria. Superada la novedad inicial y purificados los grupos de familias, después de una euforia inicial, se entra en una etapa en la que de hecho la gente se encuentra cada vez más frente a Cristo y a la necesidad de definirse ante El. La comunión se hace en El.
Este proceso de conversión afecta al conjunto de los cristianos que son llamados poco a poco, como pueblo de Dios, a pasar:
- de una religiosidad o piedad popular, en la que coexisten elementos de fe junto a otros de superstición, míticos, de mera costumbre social, etc., a la opción de fe en Cristo, hecha por el pueblo en cuanto pueblo, y a la expresión de su comunión en esa única fe;
- de una fe que se entiende y vive sobre todo como "culto", cumplimiento de un "deber" o expresión de "sentimiento" religioso al que se da satisfacción, a menudo sin unidad entre "culto" y vida, a otra situación, en la que toda la existencia se vive, o al menos se intenta vivir, en la fe y desde ella;
- de una fe que se entiende y se vive como algo individual, como un dato privado, aunque sea común a muchos, a otra vivencia de la fe, comunitaria y compartida como experiencia de vida eclesial y compromiso social y de pueblo;
- de una fe poco más que sociológica, a una experiencia capaz de dar testimonio de la fe, que se confiesa en público y que poco a poco empieza a determinar los criterios y parámetros de la vida social.
En definitiva, con esta etapa comienza a tomar forma una Iglesia comunional que se inicia con el nacimiento de los grupos de familias y crece con la confrontación entre fe y vida realizada como dinamismo relacional de la Iglesia local y tiene su horizonte en Cristo, a quien debe conformarse para ser alabanza del Padre.
3.El acontecimiento conclusivo de esta etapa y su preparación
Es el Sínodo Diocesano en el que el pueblo de Dios con su Obispo trata de confrontar algunos aspectos particularmente importantes de la vida de la Iglesia local con Cristo y su mensaje y se pregunta qué es lo que Cristo le pide. Se trata de la opción por Cristo por parte del pueblo de Dios de la Diócesis.
Generalmente, la gente en los grupos de familia da todos los elementos para componer cinco documentos que, normalmente, han sido: qué pide Jesús a la comunidad creyente frente a los pobres y débiles; qué pide frente a los jóvenes y a estos frente a la comunidad; qué pide a la familia que se dice cristiana; qué pide a la comunidad en la relación fe y política (o frente a problemas propios del ambiente: el turismo, la migración...); qué pide frente a los mismos grupos de familias. Además se pide a las familias que respondan a algunas preguntas para componer la profesión de fe del pueblo de Dios.
Seis Comisiones parroquiales componen los textos-base de los cinco documentos y de la Profesión de fe. Los textos se recomponen a nivel de Vicarías foráneas y luego el EDAP compone los seis textos-base diocesanos que, después, se envían a todas las parroquias.
El Sínodo se desarrolla normalmente en tres semanas. En la primera, después de la inauguración del Sínodo en la misa dominical, de lunes a viernes se realizan los cinco encuentros en grupos familiares, en los que se ofrecen las modificaciones al texto base que se crean oportunas. El sábado en una asamblea parroquial se aprueban las modificaciones. En la segunda semana, el EDAP hace la síntesis de las modificaciones en un único texto y el sábado se reúne la Asamblea Sinodal que, con la presidencia del Obispo, aprueba las modificaciones propuestas. El texto final se edita con la aprobación del Obispo. El sábado de la tercera semana se hace, a nivel diocesano, la Celebración Eucarística de clausura del Sínodo con la participación de representantes de todas las parroquias y en la que el Obispo y los miembros de la Asamblea diocesana firman el texto oficial del Sínodo y la comunidad presente proclama su "profesión de fe". Durante esta celebración, en las parroquias se hace una vigilia de oración y al día siguiente se clausura el Sínodo a nivel parroquial con una Celebración eucarística en la que se proclama la profesión de fe en Cristo y se celebra el compromiso por continuar el camino de fe.
La preparación del Sínodo Diocesano comienza al menos tres años antes. Con la evaluación de la segunda fase de esta etapa, se decide si pasar a la tercera como está previsto y, por tanto, si se realiza el Sínodo en el tiempo correspondiente. Al planificar la tercera fase se planifica la preparación y realización del Sínodo Diocesano cuidando el cálculo de los tiempos que se van a necesitar. La preparación consiste en un proceso similar al de la Semana de la Fraternidad, al que se añaden cinco encuentros mensuales pre-sinodales en los que la gente ofrece los elementos con los que elaborar los cinco textos base de los documentos sinodales. Contemporáneamente se envía un cuestionario a las familias para elaborar la profesión de fe en Cristo con las respuestas al cuestionario.
En realidad el Sínodo es una profunda experiencia de pueblo de Dios que opta por Cristo y su Evangelio. Después del Sínodo se continúan los temas previstos para el tercer año de la tercera fase y con los temas restantes de los grupos de familias. En el momento que es posible, se entrega, con alguna forma celebrativa, el texto del Sínodo a todas las familias.
5. La crisis en esta etapa
Con la invitación a manifestar públicamente la propia fe y a imitar las actitudes de Cristo en las relaciones mutuas, comienza un proceso en el que se pone a los católicos ante la necesidad de definirse por Cristo, cosa que implica un modo de relación no sólo interno en la Iglesia sino también en relación con la sociedad. Aquí comienza la crisis: tener que definirse, tomar posición ante situaciones que antes se aceptaban en la confusión y sin hacerse un problema moral. Tener que dar la cara y hacer un esfuerzo coherente con los valores que se quieren vivir, pone las personas en situación de "reflexión", de silencio, de pasividad, previa a la definición personal y colectiva. Esta es la crisis típica de esta etapa. Crisis que una gran parte de la gente supera precisamente en el Sínodo cuando vive la experiencia de que son muchos los que en realidad quieren vivir los mismos valores y luchan por lo mismo.
En este conflicto, lo importante es que el párroco y los dirigentes de la comunidad parroquial mantengan siempre relaciones de caridad con todos y al mismo tiempo no pierdan la firmeza para contestar evangélicamente a quienes son lobos con piel de oveja. Caridad y firmeza con las personas y sus familias y, al mismo tiempo, firmeza evangélica ante las instituciones y las funciones y modos en que esas personas e instituciones actúan. Así las relaciones, aún con los más recalcitrantes, quedan abiertas para invitar una y otra vez a la conversión a la que todos estamos llamados.
