En el marco de la misión continental, que hemos aterrizado en nuestra Diócesis con el novenario de años que nos hemos propuesto celebrar hasta que lleguemos al jubileo de los cien años de esta Iglesia particular (2017), nos corresponde en este año 2010 dirigir toda la acción pastoral hacia la FAMILIA,
La familia, eje de la comunidad eclesial
Escrito por Pbro. Diego Luis Rendón Urrea
En el marco de la misión continental, que hemos aterrizado en nuestra Diócesis con el novenario de años que nos hemos propuesto celebrar hasta que lleguemos al jubileo de los cien años de esta Iglesia particular (2017), nos corresponde en este año 2010 dirigir toda la acción pastoral hacia la FAMILIA,
además que también culminamos este año la primera etapa de nuestro plan de pastoral, etapa que culmina después de diez años de caminar, con la gran convocatoria para que en reunión de familias, en cada sector de cada parroquia de nuestra diócesis, nazcan pequeñas comunidades que se dinamizarán a través del encuentro con la Palabra, con la Fe y con la persona de Jesucristo.
Nos ayudan a la reflexión sobre la importancia de la familia, algunos apartes del artículo escrito por el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires y miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia, ( Boletín del CELAM número 325 “La Familia a la Luz de Aparecida”) acercad e la familia desde la perspectiva de aparecida:
Nos indica como en el capítulo sexto, más precisamente en los "lugares" de formación para los discípulos misioneros, se expresa que la familia no es sólo "patrimonio de la humanidad", sino también el "tesoro más valioso de nuestros pueblos latinoamericanos" (DA 302). Todo tesoro esconde una riqueza todavía no gastada. Si bien la familia ha sufrido un considerable desgaste en las actuales circunstancias de la sociedad pos-moderna, no dejamos de confiar en la riqueza que ella misma representa. Precisamente, es uno de los pocos "lugares" de nuestro tejido social que todavía sigue siendo un valor y una meta que la mayoría desea alcanzar: vivir en familia, tener una familia. En una sociedad donde todo tiene un "precio", este "tesoro" es un don gratuito que sólo se alcanza a través de los lazos de amor y entrega mutuos.
Encontramos pues aquí cómo Aparecida presenta a la familia como la "primera escuela de la fe". Ella misma ha sido y es "espacio y escuela de comunión, fuente de valores humanos y cívicos, hogar en que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente" (DA 302). Al decir "espacio y escuela de comunión", Aparecida retoma todo lo dicho en Puebla y expresado tan abundantemente en todo el Magisterio de Juan Pablo II. Para que exista la comunidad familiar es preciso que sus miembros se animen a vivir en comunión, aprenderán allí las nuevas generaciones a ser "personas de comunión". La familia es así "fuente" de todos aquellos valores que hoy la sociedad necesita de manera urgente, valores que tienen en la autodonación su eje principal.
Decimos también que la familia es "escuela de la fe" en cuanto la fe supone la naturaleza, y en la comunión de estas dos dimensiones es donde surge la respuesta del discípulo misionero. La naturaleza la recibe en la familia, y si ésta es creyente, también Dios le confía a los padres el don de la fe. Cuando llevan a sus hijos a la Iglesia para que se los bauticen, la Iglesia les dice: "Ustedes son una pequeña Iglesia". Al ser los padres los primeros educadores en la fe, necesitan todo el apoyo de la Iglesia para realizar esta misión. La pastoral familiar es, entonces, una de las prioridades de cada Iglesia particular. La familia, junto con la Parroquia, pasa a ser entonces el "primer lugar para la iniciación cristiana de los niños", ofreciéndoles un "sentido cristiano de existencia y los acompaña en la elaboración de su proyecto de vida como discípulos misioneros".
Ante la avalancha de amenazas que sufre en los momentos actuales la institución familiar, la Iglesia hace un llamado a vivir en una firme esperanza en el proyecto de Dios para el matrimonio y la familia. Nos toca a nosotros discípulos y misioneros, "trabajar para que esta situación sea transformada, y la familia asuma su ser y su misión en el ámbito de la sociedad y de la Iglesia" (DA, 432).
Dada la importancia de la familia se asume su promoción y desarrollo como uno de los ejes transversales de la acción evangelizadora, promoviendo en cada diócesis una pastoral familiar "intensa y vigorosa" para proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida, y trabajar para que los derechos de las familias sean reconocidos y respetados (DA 435).
Que este segundo año de la misión permanente nos permita llegar al corazón de cada familia en nuestra diócesis y desde allí continuar el camino hacia la construcción del Reino de Dios.
Pbro. Diego Luis Rendón Urrea
Vicario de pastoral
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