Hacia dónde vamos, el ideal diocesano
Reconocemos que se ha caminado en la primera etapa del plan de pastoral, lo cual nos ha generado comunicación, comunión y participación. Allí se ha insistido mucho en la sensibilización, el acercamiento, en hacer parte de…los valores, los lemas, las acciones significativas, entre otros, como dinamizadores de nuestro proceso en esta primera parte.
El dinamismo comunitario de la primera etapa, ha tenido como punto de referencia el pasaje bíblico de Emaús (ver, juzgar, iluminar y actuar). En cuanto al dinamismo participativo destacamos la importancia de las estructuras que son bases concretas donde se apoya el quehacer pastoral en la parroquia, en la Vicaría Foránea y en la Diócesis.
La segunda etapa va a ser el encuentro con Jesús. Lo que se quiere en ella es redescubrir nuestra fe; su centro será la Palabra de Dios y se hará una profundización en las verdades de la fe y en la Persona de Jesucristo. Es la etapa de la evangelización, donde es necesario prestarle mucha importancia a la cultura, ya que el evangelio tiene que ser una propuesta que transforme la realidad y que invite a vivir el verdadero cristianismo.
“Lo primero en el dinamismo de esta segunda etapa, es una experiencia de encontrarnos con las diferentes culturas para evangelizarlas. Es necesario mirar con atención las experiencias que hay en los diferentes grupos y las palabras utilizadas para poder llegar a la cultura de hoy; cultura que es sumamente sensible y delicada. Sobre todo el trabajo que se quiere es seguir fortaleciendo la vida y el trabajo comunitario, es decir, abrirnos más para que otros puedan participar”, afirmó el P. Carlos Ignacio, quien, además sostuvo que “en un segundo momento vamos a tener muy en cuenta lo que se requiere para la educación de la fe; la catequesis debe ser un proceso de maduración en la fe y si no, carece de sentido. Tal es la importancia de los pequeños grupos de familia, ya que en ellos debería hacerse todo el proceso de catequesis y decidir cuándo está preparada una persona para proclamar su fe”.
En la segunda etapa, debemos prestarle mucha atención a varios elementos:
- Las gentes deben descubrir en su realidad a un Dios encarnado, metido en su historia, que va transformando la realidad. Un Señor que lo renueva todo por la presencia de su Espíritu, llevándonos así a un nuevo Pentecostés que nos impulse a dejar nuestros miedos.
- Descubrir lo que cada uno posee; todas las bondades y defectos que cada uno tiene.
- Descubrir cómo todos somos llamados a la santidad.
- En la educación de la fe es necesario descubrir que la Iglesia, como comunidad creyente, es el espacio privilegiado para manifestar la fe de una manera comunitaria.
- Debemos descubrir que todos somos parte de la Iglesia.
- En la educación de la fe hay todo un dinamismo, en donde sobresale el compromiso y la coherencia de vida.
- Finalmente, se hace necesario fortalecer la participación y corresponsabilidad.
Para que todo lo anterior se cumpla debe haber en un clima de comunión, partiendo de la pregunta: ¿qué tengo yo para aportar al otro y el otro a mí Se trata de ofrecer oportunidades con miras a que la gente profundice más en su fe. La participación nos debe llevar a un reencuentro con el otro y a hacer presencia donde quiera que haya necesidad. La idea con todo este proceso es convocarlos a todos, para esperar el momento oportuno y descubrir la actuación de Dios.
Dentro del dinamismo de la segunda etapa es necesario considerar la liberación y humanización, es decir, pasar de no pueblo a Pueblo de Dios; de la dispersión a ser protagonista; de la instrumentalización a la liberación; de la dependencia a la autonomía.
Como en todos los momentos, esta etapa nos exige una conversión de:
- Lo religioso-mítico al compromiso del evangelio.
- Momentos de evangelización a la vivencia de verdaderos procesos.
- Lo teórico a una transformación de vida, no por cumplir normas, sino porque se experimenta como necesario.
- Lo individual a lo comunitario, que lleva a pasar, además, del servicio por cumplir a una comunidad toda servidora.
- Un evangelio de palabra a un compromiso transformador.
Los frutos que se espera sean cosechados al final de la segunda etapa:
- Una evangelización mucho más dinámica, más agradable, en la cual las personas vean que la llegada del evangelio transforma todas las dimensiones de la vida.
- Una fe más aterrizada: que cuando proclamemos nuestra fe, seamos conscientes de lo que estamos diciendo. No una fe “sentimentaloide”, sino una fe muy madura, muy comprometida.
- Un pueblo organizado, con mayor identidad de cristianos católicos, que sabe dar razón de su fe.
- Llegar a una experiencia de solidaridad, comunión y compromiso con la transformación del mundo.
Cuatro aspectos marcan la finalidad de esta segunda etapa:
- Redescubrir la fe
- Alcanzar la madurez de la Iglesia
- Forjar un verdadero clima de comunión
- Sentirse pueblo de Dios, una Iglesia experta en humanidad
Esta etapa trae unas fases:
- La Biblia como Palabra de Dios: sentido de la Biblia, la biblia para vivir la vida diaria, y enseñar a orar con la Biblia.
- La fe como actitud de vida: la fe como estilo de vida en Cristo, estilo de relación con los demás y necesidad de proclamarla en público.
- Cristo y su misterio: actitudes de Cristo con el Padre y con los demás; novedad y centralidad del Sermón de la Montaña; Misterio de Cristo en orden a promover la fe.
El acontecimiento redentor y conclusivo de la misma sería el sínodo Diocesano.
El discernimiento comunitario expresión de una decisión a la luz de la fe
1. Introducción:
“Examínenlo todo y quédense con lo bueno” (1 Tes 5, 20). Así aconsejaba Pablo a los Tesalonicenses. Buena base para empezar. Saber lo que quiero, que en vivencia cristiana es saber lo que Dios quiere de mí, es algo que requiere fe, valor, sabiduría y que, por consiguiente, lleva tiempo y requiere método.
En el camino de la vida espiritual es necesario detenernos, de vez en cuando, para reflexionar y aclarar cómo estamos viviendo la Voluntad de Dios en nuestra vida. Esto es lo que llamamos “discernimiento espiritual”, necesario en esta meta que nos hemos trazado, de ser una Iglesia en comunión y participación, comprometidos con un proyecto de vida eclesial específico, cuya motivación es compartir la espiritualidad cristocéntrica.
2.¿Qué es y qué no es el discernimiento espiritual?
2.1. Tres sentidos generales de "discernimiento espiritual"
• Clarificación de una situación: ¿Qué está sucediendo aquí, qué está en juego aquí, cuáles son los intereses aquí presentes?
• Búsqueda del origen de una propuesta o moción: ¿Viene esto de Dios, del demonio, o del ser humano?
• Conocimiento de la voluntad de Dios: ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Qué espera el Señor de nosotros, aquí y ahora?
2.2. Lo que no es el discernimiento espiritual
• No es una "receta" ni consiste en la aplicación de un manual de instrucciones.
• No es un saber deducido de la psicología, la sociología o la economía.
• No coincide con el sacramento de la confesión.
• No es lo mismo que las estrategias de la administración de empresas, el marketing, la reingeniería, o semejantes.
2.3. Elementos fundamentales de un discernimiento
• Espíritu de fe, de oración y de búsqueda de la luz de Dios.
• Alma humilde, consciente de los obstáculos exteriores y de las limitaciones interiores.
• Apertura interior y corazón de discípulos: no vamos a discernir para reafirmarnos en lo que ya pensábamos.
• Deseo de obediencia y coherencia.
3. ¿Cómo se hace el discernimiento comunitario?
Un grupo de personas, unidas por un vínculo particular, si tiene que hacer opciones está llamado a realizar un discernimiento de la voluntad de Dios tocante a su modo de vivir la fe y de comprometerse en la Iglesia, en el grupo, en la comunidad y en la sociedad. Se trata de interrogarse delante de Dios para comprender si la decisión que hay que tomar es conforme al proyecto evangélico y si responde a los tiempos de la Iglesia, a la vida comunitaria y a las exigencias de los hombres de nuestro tiempo.
4. Algunos criterios para el discernimiento comunitario
a) Examínenlo todo y quédense con lo bueno (1Tes 5,19-21).
b) Obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5,29); buscar: ¿cuál es la voluntad de Dios?
c) La comunión eclesial. Los dones auténticos del Espíritu son los que edifican la Iglesia (1Cor 14.4.12.26).
d) Que favorezca la vida.
e) Escuchar con los oídos y el corazón a los demás pero sin dejarse manipular.
f) Orar para que la Sabiduría del Espíritu nos ilumine.
g) No decidir en momentos de crisis.
h) Ser muy honesto y sincero con uno mismo.
i) Leer los acontecimientos – signos de nuestra propia vida.
j) Estar preparados para asumir la dureza y el dolor que producen algunas decisiones.
k) En el discernimiento comunitario no imponer lo que yo pienso y buscar el mayor bien para todos.
l) No decidir de buenas a primeras pero tampoco posponer demasiado.
m) Que la decisión se tome en libertad y con responsabilidad.
n) Que las decisiones fundamentales tengan la estabilidad que ameritan.
5. EJERCICIO DE DISCERNIMIENTO: IV ASAMBLEA DIOCESANA EN SANTA ROSA DE OSOS
1) Encuadre e indicaciones generales
2) Invocación del Espíritu Santo
3) Lectio Divina y desierto: 2Cor. 4, 1 – 15.
4) Oración comunitaria: acciones de gracias, peticiones de perdón, alabanzas, plegarias particulares.
5) Discernimiento espiritual y votación
6) Profesión de fe y conclusiones de la experiencia.
Frutos de la primera etapa

En esta parte de la Asamblea, el P. Carlos Ignacio Cárdenas Montoya, Asesor de pastoral, ofreció una síntesis sobre lo que debimos haber cosechado en la primera etapa de nuestro Plan Diocesano de Renovación y Evangelización. A través de un ejercicio de contemplación y de poner el “espejo retrovisor”, nos hicimos las siguientes preguntas: ¿Qué sentimientos nos suscitan las reflexiones? ¿Qué de positivo vemos? ¿Verdaderamente sentimos y vemos el paso de Dios por nuestra historia diocesana?
El P. Carlos Ignacio destacó los siguientes aspectos:
- Optar por un plan de pastoral, como instrumento de evangelización.
- Se ha generado un cambio de paradigmas.
- Se ha crecido en la visión de conjunto, pues aunque hay diversos frentes de pastoral, todas están articuladas en el PDR/E.
- Se ha pasado del inmediatismo a la visión prospectiva.
- Se ha pasado del trabajo individual a procesos articulados.
- Una pastoral más encarnada en la realidad.
- Se pasa de la improvisación a la planeación, planificación y programación.
- La participación creciente que se ha generado.
- Se descubre una Iglesia dinámica que se renueva.
- Una Iglesia que no es sólo culto, sino que se interesa por la comunidad, por la convivencia social.
- Una Iglesia que no se queda en la norma, sino que pone el acento en el amor recíproco.
- Los pequeños grupos de familia.
- Un grupo creciente de animadores de evangelización.
- Los jóvenes encuentran un espacio en la Iglesia.
- Se hace más visible la unidad de vida eclesial. Toda la diócesis está hablando el mismo lenguaje, v. gr. Los lemas mensuales.
- Encuentros vicariales de formación.
En diálogo con los participantes, bajo la guía de la pregunta “¿qué otro fruto importante se ha dado en esta primera etapa?”, se presentaron los siguientes aportes:
- El plan de pastoral es el querer de Dios para nuestra Diócesis.
- Gracias al plan existe más cercanía entre sacerdotes y laicos.
- Se va abriendo espacio a los laicos para que sean protagonistas de la evangelización.
- El plan es una motivación para mucha gente, inclusive para los no creyentes e indiferentes.
- Las comunidades se han podido integrar y ha habido un acercamiento a las otras confesiones. Se ha difundido más la Palabra de Dios.
- Se ha articulado el trabajo urbano y rural.
- Existe una nueva imagen de la Iglesia como comunidad organizada según las exigencias de la contemporaneidad.
- Integración del sacerdote en las casas y barrios con los pequeños grupos de familia.
- Se ha comenzado a trabajar en la pastoral sacerdotal: se han dado pasos, aunque sean pocos.
- El plan nos ha permitido aplicar la eclesiología del Vaticano II, nos ha permitido ser más contemplativos de la realidad.
- Se ha crecido en la formación y capacitación de los laicos.
- Con los pequeños grupos de familia tenemos más sentido de pertenencia para con nuestras parroquias.
- Se propicia el discernimiento comunitario.
- Se ha visto espíritu de superación en nuestros fieles.
- Se acepta con mayor naturalidad la remoción de los párrocos.
- La encarnación del plan en la realidad histórica para iluminar la religiosidad popular.
- El plan ha contribuido a una transformación eclesial y social.
- Ha permitido la reconciliación entre familias.
- El amor creciente de los sacerdotes por sus comunidades.
El discernimiento comunitario Tomar la decisión a la luz de la fe
Para orientar el momento central de esta IV Asamblea Diocesana de Pastoral, el P. Juan Guillermo Gil Lopera convocó al auditorio a entrar en un espacio de desierto, recogimiento, reflexión y oración, con miras al discernimiento comunitario que decidiría el nuevo rumbo de nuestro Plan de pastoral. En primer lugar, se urgió la presencia de todos en el recinto, y haciendo una analogía con el estado del tiempo, se invitó a todos a reconocer cómo Dios está con nosotros en todo momento de nuestra vida. Sumado a lo anterior, explicó la metodología del discernimiento a partir del texto de 1 Tes 5, 20.
Después de realizar la Lectio Divina, orientada por el P. Germán Humberto Marín Rivera y organizados por vicaría foráneas, los participantes pasaron a la capilla, donde en oración ante Jesús Sacramentado, se decidió el paso a la Segunda Etapa del PDR/E: 268 personas (67.9 %) optaron por el sí; y 127 (32.1 %), por el no. En total asistieron 395 personas a la votación. Por último, se realizó la proclamación de fe y confirmación.
Voces de la asamblea
“Llegamos ya al meollo del asunto, al corazón y columna vertebral del plan. La segunda etapa es fundamental, ya nos podemos sentir como pez en el agua, ya que ésta ilumina la primera y fundamenta la tercera”, análogamente, en otra de las intervenciones se manifestó la centralidad de la segunda etapa; la persona de Cristo debe ser el centro de la evangelización, sin embargo es necesario constatar la no vivencia a profundidad de la primera etapa, pues falta promoción humana y cultural; no obstante, no podemos detenernos, se hace urgente mantener una Iglesia que propenda siempre por su renovación. Por otra parte, tomando la participación de otro de los asambleístas, se constata, a pesar de la puesta en marcha de un plan de renovación y evangelización, el avance de los males sociales. Los planes de pastoral deben llevar a transformar las estructuras. Frente a la tensión de pasar a la segunda etapa hay dos variantes: el hecho de que algunas parroquias no van a la par con el proceso de renovación que se ha llevado a lo largo de todos estos años y la no continuidad de los procesos por algunos párrocos, pero lo importante es no dejar de trabajar.
Luces, sombras y conversiones
El sentido teológico espiritual de este momento lo encontramos en el texto bíblico de Mateo 16, 1-4, al cual nos debemos acercar evitando prejuicios e intereses preestablecidos, además de moralismos que puedan llevarnos a pensar que nada funciona o que todo debe funcionar a la perfección. A este momento debemos acercarnos con una actitud de humildad intelectual, libertad interior, humildad, contemplación y acción; fe, esperanza y amor y compromiso creativo.
Con esta reflexión, se procedió al trabajo por vicarías foráneas, en diferentes lugares del Centro Diocesano de Encuentros, con el fin de identificar una luz, una sombra y una conversión en cada uno de los niveles de acción pastoral.
Al finalizar esta exposición, el Pbro. Hugo Alberto Torres Marín, precisó algunos de los aspectos más constantes:
Falta mucho compromiso de los agentes de pastoral.
Se evidencia discontinuidad y falta de acompañamiento en los procesos.
Falta de dinamismo y seriedad en los procesos de formación.
Se desaprovechan medios y subsidios.
Hay un miedo muy grande a perder el puesto.
Todavía falta que se involucren personas diferentes en los procesos.
¿El problema es de cantidad de estructuras, o de definición de funciones?
Falta un proceso de pastoral vocacional integral desde mucho antes de decidir el ingreso al seminario.
No se cuenta con la pastoral universitaria.
Falta acompañamiento a los profesionales.
Falta dinamicidad del Consejo Diocesano de Laicos.
Falta consolidar el trabajo de conjunto.
Crear estructuras por convicción.
Integrar el proyecto de formación del seminario con el Plan Diocesano de Renovación y Evangelización.
Algunos participantes tomaron la palabra para que complementaran el análisis antes presentado. Se suscitaron las siguientes anotaciones:
El ejercicio se ha hecho con mucha veracidad y es altamente confiable.
Tanto los laicos como los sacerdotes deben conocer muy bien las funciones que les corresponden.
Se nota una barrera muy grande entre lo que se reflexionó ayer y lo que se dijo hoy, algo así como querer aprobar el bachillerato cuando ha habido vacíos en la primaria.
En el plan no se trata de quemar etapas; siempre hay que estar tomando de lo anterior.
Hagamos los ajustes necesarios: no tengamos prisa en el proceso.
Si estamos terminado una etapa y queremos comenzar otra, por qué no pensar en hacer un empalme de las dos para darnos cuenta de que la voluntad de Dios sigue marchando en nuestra Diócesis. La respuesta la tiene cada uno en el trabajo que ha hecho, y debemos procurar que esas bases queden bien firmes, pero en la Palabra de Dios.
El plan tiene más fortalezas que debilidades.
Nos da temor del avance, por otra parte, hay dos grandes pilares frente a la proyección del plan: la formación y el compromiso de todos los animadores.
Hasta qué punto el afianzamiento lo podemos hacer en la marcha.

