Obispos
Ilustrísimo Señor Miguel Ángel Builes Gómez (1924 - 1971 )
Nació en Donmatías el 9 de septiembre de 1888. Realizó los estudios primarios en su tierra natal , los estudios humanísticos en el Seminario Menor de San Pedro de los Milagros y los estudios eclesiásticos en el Seminario de Antioquia. Ordenado sacerdote por el Illmo. Sr. Maximiliano Crespo, en Antioquia el 29 de noviembre de 1914. Preconizado Obispo de Santa Rosa por S.S. Pío XI, el 27 de mayo de 1924. Recibió la consagración episcopal en Bogotá de manos del Illmo. Sr. Roberto Vicentini, nuncio apostólico, el 3 de agosto de 1924. Tomó posesión de la Diócesis el 22 de octubre siguiente.
Su labor pastoral en la diócesis fue de gran fecundidad espiritual, pastoral y misionera.
- Creó 23 parroquias.
- Ordenó 162 sacerdotes para la diócesis.
- Consagró tres Obispos.
- Fundador de cuatro comunidades religiosas: Instituto de Misiones de Yarumal (1927), Hermanas Misioneras de Santa Teresita (1929), Hermanas Teresitas Contemplativas (1939) y Hermanas Hijas de la Misericordia (1951).
- Recorrió siete veces toda la diócesis en Visita pastoral.
- Construyó la Basílica en honor de Nuestra Señora de las Misericordias y fomentó admirablemente la devoción a esta advocación mariana.
- Creó el Mutuo Auxilio del Clero.
- Defensor denodado de la Verdad, escribió numerosas Cartas Pastorales, cuyo mensaje trascendió las fronteras diocesanas, con repercusión en el ámbito nacional.
El 15 de febrero de 1967 presentó renuncia al gobierno pastoral de la diócesis, renuncia que le fue aceptada por el Papa Pablo VI el 22 de abril siguiente, pero conservándole el titulo de Obispo residencial hasta su muerte acaecida en Medellín, el 29 de septiembre de 1971.
El 29 de septiembre de 2001 se dio inicio a su proceso de Beatificación y Canonización, el cual marcha satisfactoriamente, en la actualidad es Siervo de Dios.
Formado en la escuela espiritual, pastoral y misionera de Monseñor Crespo irrumpe en la escena histórica de la diócesis de Santa Rosa de Osos, como segundo Obispo la figura colosal de talla inigualable del Ilustrísimo Señor Miguel Ángel Builes Gómez, de treinta y seis años de vida y diez de sacerdocio, que se desempeñaba como Cura de Remedios, región apartada; en esta población se vivía una compleja síntesis de la problemática que entonces vivía nuestra patria colombiana: el aislamiento por las pésimas vías de comunicación, la pobreza y el abandono del Estado; a esto había que agregar el abandono de Dios y de sus mandatos, el relajamiento moral y la superstición, entre otros. En este ambiente difícil se fogueó Monseñor Builes con gran competencia y tenacidad y allí adquirió la fortaleza para emprender la nueva tarea que la Iglesia le encomendaba como Obispo de esta diócesis. Inició su tarea con gran celo y arrojo, confiando en el Señor con una fe robusta que siempre lo caracterizó.
Monseñor Builes fue un pastor y profeta polifacético de grandes cualidades humanas, cristianas y sacerdotales , un misionero y pastor de amplios horizontes; su actividad pastoral fue amplia y variada: “Cuando él empezó a conocer el campo pastoral de su diócesis de Santa Rosa a lo largo y ancho, empezó a descubrir los inmensos campos sin cultivo de la palabra, sin el cuidado pastoral, sin el crecimiento en la fe, y como hombre práctico empezó a idear caminos para encarar cada situación” (Boletín Tenche 85, enero - febrero de 1988). Cumplió con lujo de competencia sus deberes episcopales de enseñar santificar y regir a la comunidad a él encomendada. Para ejercer el oficio de enseñar, se aprovechó de los medios escritos, dando a conocer esta importante faceta de su vida.
Dentro de sus escritos se destacan las sesenta cartas pastorales, escritas en un estilo directo, donde aparecen la verticalidad y la claridad que lo caracterizaron; fue un convencido, un combatiente de la defensa de la fe y de la Iglesia; un apóstol, un catequista. Sus pastorales son ricas en citas de los documentos pontificios y de la Iglesia.
La temática tratada en estas cartas es muy variada, desde las dedicadas a Cristo, a la eucaristía, a María, a la autoridad de la Iglesia y sus derechos, en especial la educación; con ellas combatía los vicios y los males que iban en contra de la religión, las ideologías como el Comunismo y el Liberalismo. Las pastorales de Monseñor Builes trascendieron los límites diocesanos para tener un alcance nacional, pues los temas tratados eran valorados por unos y refutados por otros; él nunca buscó crear polémicas sino defender la doctrina católica en una época difícil de la historia nacional.
El encargo de santificar a sus diocesanos lo ejerció en la vivencia consciente y profunda de la liturgia que celebra el misterio pascual de Cristo, que es fuente de la vida de fe; por eso la celebración fervorosa de la Eucaristía, su predicación elocuente, convincente y llena de unción y la administración de los Sacramentos, se convirtieron también en momentos privilegiados de catequesis; cabe destacar aquí su devoción y amor entrañable a la Santísima Virgen María; recordemos que él fue quien estableció e impulsó la devoción a Nuestra Señora de las Misericordias y le construyó en la capital diocesana la magnífica Basílica en su honor, pues fue un enamorado de la Madre de Dios.
Como apóstol infatigable recorrió varias veces todos los rincones de la diócesis en sus Visitas Pastorales, que eran toda una misión evangelizadora según lo atestiguan los autos de visita, que han quedado como testimonio valioso de esa época y nos lo muestran como un auténtico pastor de almas preocupado por las dificultades de sus diocesanos no sólo en la parte espiritual sino también material.
Además rigió con prudencia y dedicación la diócesis dando las normas y decretos oportunos para la buena marcha de la misma; no hubo campo del quehacer pastoral que no fuera objeto de su preocupación como padre y pastor; por eso su actividad es tan fecunda en realizaciones: la creación de 23 parroquias como focos de vida espiritual y promotoras del progreso de las comunidades; construyó los edificios del Seminario Conciliar, la Curia Diocesana, la Casa Episcopal y la Basílica arriba mencionada.
Amó profundamente al Seminario; puso todo su empeño para que fuera una escuela de santidad y una cantera de sacerdotes para anunciar el Evangelio y dar testimonio de Jesucristo. El Señor le concedió recoger una abundante cosecha vocacional pues ordenó para el servicio pastoral de su diócesis ciento sesenta y dos sacerdotes; de éstos se mencionan algunos para mostrar los frutos de su preocupación por el Seminario: Constantino Duque Yepes, Ignacio Yepes Yepes , Francisco Gallego Pérez (después Obispo de Barranquilla y Cali), Roberto Giraldo Ramírez, Leonardo Lopera Montaño, Benedicto Soto Mejía, Joaquín Guillermo Yepes Yepes, Aníbal Muñoz Duque (después Obispo y Cardenal de la Santa Iglesia), Roberto Arroyave Vélez, Efraín Jiménez Trujillo, Eleazar Yarce Tabares, Luis Carlos Jaramillo Arango, Pedro León Múnera Tobón, Rafael Zuluaga González, Ernesto Acosta Arteaga, Ricardo Márquez Restrepo, Germán Ceballos Arroyave, Gustavo Valencia Rodríguez y Gilberto de la Cruz Jaramillo Mesa, esto solo por mencionar algunos de este selecto grupo del presbiterio ordenado por Monseñor Builes.
Su gran espíritu misionero lo llevó a fundar cuatro comunidades religiosas ( una masculina y tres femeninas) para la extensión del Reino de Dios. Acogió en la diócesis con paternal solicitud otras congregaciones que vinieron a enriquecer con sus carismas las obras evangelizadoras y de asistencia social y caritativa.
Monseñor Builes también se preocupó porque los fieles se integraran en la misión de la Iglesia ; fomentó las asociaciones piadosas, y estableció oficialmente en 1934 la Acción Católica como un medio eficaz de participación de los laicos; la Obra de la Propagación de Fe se convirtió en otro foco de participación eclesial y de conciencia misionera de todos los bautizados; instituyó la Cruzada Eucarística cuyo objetivo era fomentar en la niñez el amor y la vivencia de la Eucaristía; realizó varios congresos marianos diocesanos en 1942 y 1954; celebró la Gran Misión en 1961, que fue todo un acontecimiento de fe. Monseñor Tulio Botero Salazar, arzobispo de Medellín, en comunicación dirigida a su arquidiócesis definió esta Misión como “un movimiento extraordinario de las fuerzas vivas de la Iglesia para obtener un fin: la renovación cristiana del individuo, la familia y la sociedad”.(Mensaje Pastoral del Excmo. Sr. Tulio Botero Salazar sobre la Santa Misión y la Cuaresma, 1961)
